Chamanes del Amazonas escriben enciclopedia de medicina tradicional

Autor: Sentir positivo
Vía Sentir positivo | Agosto 25, 2016

 

Cinco chamanes de la tribu Matsés, en el Amazonas, decidieron crear una enciclopedia que reúne la herbolaria de la tribu, y así preservar el conocimiento ancestral.

En la medida que entendamos que tal vez lo más preciado que tenemos como especie es el conocimiento acumulado a lo largo de la historia, entonces ese horizonte actualizado en tiempo real, sin duda nos mostrará un más grato paisaje. Este conocimiento, en combinación con las vivencias y experiencias que lo forjan, es la fuente más importante de potencial sabiduría que tenemos a nuestro alcance: millones de horas de observación de astros, de comportamiento animal, ensayos botánicos, pruebas y errores múltiples, reflexiones, intuiciones y remedios que, entre otros bits de información ya experimentada, dan vida a un gran tesoro.

Si bien esta información está ya de una u otra manera inscrita en la memoria colectiva, es fundamental que, además de ejercerse, sea documentada. Así, cuando la atención general se distraiga y tienda a olvidarla, existirá la posibilidad de revivirla una y otra vez. A fin de cuentas recordemos que buena parte de las respuestas que como especie requerimos para enfrentar los retos por delante yacen justo ahí, en premisas y conocimientos adquiridos en otros momentos de la historia y que con el tiempo, la prisa y la ignorancia, han ido diluyéndose.

Cuando muere un chamán o un viejo curandero de un determinado grupo, con él suele morir una gran cantidad de información, pues aunque es muy probable que haya transmitido su conocimiento a algún discípulo, pocas veces éste está documentado por escrito, lo cual conlleva que parte del saber termine perdido. Y curiosamente la muerte de uno de los más sabios curanderos Matsés, que ocurrió antes de que pudiese transmitir sus incontables remedios, fue lo que motivó la iniciativa de esta enciclopedia.

Por eso estos indígenas, que habitan la frontera entre Brasil y Perú, elaboraron una enciclopedia de medicina tradicional que reúne los conocimientos ancestrales de ese pueblo para tratar una amplia variedad de enfermedades.

Fruto de dos años de trabajo, la enciclopedia —de 500 páginas— está escrito íntegramente en lengua indígena, sin injerencia externa en sus contenidos.

Imagen tomada de acateamazon.org
Imagen tomada de acateamazon.org

En su elaboración intervinieron los chamanes o curanderos mayores de la etnia, documentando las plantas y sus usos. Los jóvenes fueron responsables de transcribir esos conocimientos y fotografiar las plantas.

“Los chamanes describen cómo los animales del bosque están involucrados en la historia natural de las plantas y se conectan con cada enfermedad”, detalla Christopher Herndon, presidente de la ONG Acaté Conservación del Amazonas, que opera en la región y coordinó la publicación.

Esta es la primera etapa de un proyecto más amplio, cuyo objetivo es salvaguardar y enriquecer la medicina tradicional indígena. En la segunda etapa, que comenzó en 2014 y está en curso, los ancianos llevan a los jóvenes Matsés a la selva para enseñarles sobre las plantas y capacitarlos en el tratamiento de pacientes.

El tercer paso integrará las prácticas tradicionales a los sistemas de medicina occidental que operan en la remota región donde viven los Matsés, con el fin de proporcionarles lo mejor de ambos sistemas de salud. Actualmente tienen acceso limitado a la medicina occidental y a medicamentos.

“Los insumos para las prácticas tradicionales provienen de los bosques y son una alternativa renovable y gratuita para el tratamiento de enfermedades endémicas como la leishmaniasis”, refiere Herndon.

El libro no será compartido fuera de las comunidades Matsés ni publicado en otros idiomas. “Esta es una precaución también contra la biopiratería y la apropiación indebida de los conocimientos indígenas”, subraya.

Pero el antropólogo social y etnobiólogo Fernando Roca precisa que la única manera de garantizar que no haya biopiratería de los conocimientos tradicionales es registrando los derechos de autor, indicando claramente que esos conocimientos pertenecen a los Matsés.

“El hecho de que [una publicación] esté en una lengua nativa no garantiza que no haya apropiación ilícita pues los organismos interesados disponen de medios para contratar a alguien que hable el idioma y pueda hacer la traducción”, advierte.

Roca, un investigador peruano de la farmacopea indígena de la Amazonía. Refiere que en los países donde no existe un registro oficial de conocimientos tradicionales se puede acudir a otras instancias que asesoran y garantizan el derecho a la propiedad intelectual de los pueblos nativos; y al tiempo alerta que, de no registrarse esos conocimientos, podría suceder que si más adelante alguien se los apropia, los indígenas culpen a los científicos.

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“Cuando quiero algo me lo pido a mí misma”

Autor: CiseiArgentina
Vía Consejo Interamericano sobre Espiritualidad Indígena | Mayo 13, 2015

 

La Abuela Margarita, curandera y guardiana de la tradición maya, se crió con su bisabuela, que era curandera y milagrera. Practica y conoce los círculos de danza del sol, de la tierra, de la luna, y la búsqueda de visión. Pertenece al consejo de ancianos indígenas y se dedica a sembrar salud y conocimiento a cambio de la alegría que le produce hacerlo, porque para sustentarse sigue cultivando la tierra. Cuando viaja en avión y las azafatas le dan un nuevo vaso de plástico, ella se aferra al primero: ‘No joven, que esto va a parar a la Madre Tierra’. Rezuma sabiduría y poder, es algo que se percibe con nitidez. Sus rituales, como gritarle a la tierra el nombre del recién nacido para que reconozca y proteja su fruto, son explosiones de energía que hace bien al que lo presencia; y cuando te mira a los ojos y te dice que somos sagrados, algo profundo se agita.

Ella nos dice: ‘Tengo 71 años. Nací en el campo, en el estado de Jalisco (México), y vivo en la montaña. Soy viuda, tengo dos hijas y dos nietos de mis hijas, pero tengo miles con los que he podido aprender el amor sin apego. Nuestro origen es la Madre Tierra y el Padre Sol. He venido a la Fira de la Terra para recordarles lo que hay dentro de cada uno.’

-¿Dónde vamos tras esta vida?

-¡Uy hija mía, al disfrute! La muerte no existe. La muerte simplemente es dejar el cuerpo físico, si quieres.

-¿Cómo que si quieres…?

-Te lo puedes llevar. Mi bisabuela era chichimeca, me crié con ella hasta los 14 años, era una mujer prodigiosa, una curandera, mágica, milagrosa. Aprendí mucho de ella.

-Ya se la ve a usted sabia, abuela.

-El poder del cosmos, de la tierra y del gran espíritu está ahí para todos, basta tomarlo. Los curanderos valoramos y queremos mucho los cuatro elementos (fuego, agua, aire y tierra), los llamamos abuelos. La cuestión es que estaba una vez en España cuidando de un fuego, y nos pusimos a charlar.

-¿Con quién?

-Con el fuego. ‘Yo estoy en ti’, me dijo. ‘Ya lo sé’, respondí. ‘Cuando decidas morir retornarás al espíritu, ¿por qué no te llevas el cuerpo?’, dijo. ‘¿Cómo lo hago?’, pregunté.

-Interesante conversación.

-’Todo tu cuerpo está lleno de fuego y también de espíritu -me dijo-, ocupamos el cien por cien dentro de ti. El aire son tus maneras de pensar y ascienden si eres ligero. De agua tenemos más del 80%, que son los sentimientos y se evaporan. Y tierra somos menos del 20%, ¿qué te cuesta cargar con eso?’.

-¿Y para qué quieres el cuerpo?

-Pues para disfrutar, porque mantienes los cinco sentidos y ya no sufres apegos. Ahora mismo están aquí con nosotras los espíritus de mi marido y de mi hija.

-Hola.

-El muertito más reciente de mi familia es mi suegro, que se fue con más de 90 años. Tres meses antes de morir decidió el día. ‘Si se me olvida -nos dijo-, me lo recuerdan’. Llegó el día y se lo recordamos. Se bañó, se puso ropa nueva y nos dijo: ‘Ahora me voy a descansar’. Se tumbó en la cama y murió. Eso mismo le puedo contar de mi bisabuela, de mis padres, de mis tías…

-Y usted, abuela, ¿cómo quiere morir?

-Como mi maestro Martínez Paredes, un maya poderoso. Se fue a la montaña: ‘Al anochecer vengan a por mi cuerpo’. Se le oyó cantar todo el día y cuando fueron a buscarle, la tierra estaba llena de pisaditas. Así quiero yo morirme, danzando y cantando. ¿Sabe lo que hizo mi papá?

-¿Qué hizo?

-Una semana antes de morir se fue a recoger sus pasos. Recorrió los lugares que amaba y a la gente que amaba y se dio el lujo de despedirse. La muerte no es muerte, es el miedo que tenemos al cambio. Mi hija me está diciendo: ‘Habla de mí’, así que le voy a hablar de ella.

-Su hija, ¿también decidió morir?

-Sí. Hay mucha juventud que no puede realizarse, y nadie quiere vivir sin sentido.

-¿Qué merece la pena?

-Cuando miras a los ojos y dejas entrar al otro en ti y tú entras en el otro y te haces uno. Esa relación de amor es para siempre, ahí no hay hastío. Debemos entender que somos seres sagrados, que la Tierra es nuestra Madre y el Sol nuestro Padre. Hasta hace bien poquito los huicholes no aceptaban escrituras de propiedad de la tierra. ‘¿Cómo voy a ser propietario de la Madre Tierra?’, decían.

-Aquí la tierra se explota, no se venera.

-¡La felicidad es tan sencilla!, consiste en respetar lo que somos, y somos tierra, cosmos y gran espíritu. Y cuando hablamos de la madre tierra, también hablamos de la mujer que debe ocupar su lugar de educadora.

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-¿Cuál es la misión de la mujer?

-Enseñar al hombre a amar. Cuando aprendan, tendrán otra manera de comportarse con la mujer y con la madre tierra. Debemos ver nuestro cuerpo como sagrado y saber que el sexo es un acto sagrado, esa es la manera de que sea dulce y nos llene de sentido. La vida llega a través de ese acto de amor. Si banalizas eso, ¿qué te queda? Devolverle el poder sagrado a la sexualidad cambia nuestra actitud ante la vida. Cuando la mente se une al corazón todo es posible. Yo quiero decirle algo a todo el mundo…

-¿…?

-Que pueden usar el poder del Gran Espíritu en el momento que quieran. Cuando entiendes quién eres, tus pensamientos se hacen realidad. Yo, cuando necesito algo, me lo pido a mí misma. Y funciona.

-Hay muchos creyentes que ruegan a Dios, y Dios no les concede.

-Porque una cosa es ser limosnero y otra, ordenarte a ti mismo, saber qué es lo que necesitas. Muchos creyentes se han vuelto dependientes, y el espíritu es totalmente libre; eso hay que asumirlo. Nos han enseñado a adorar imágenes en lugar de adorarnos a nosotros mismos y entre nosotros.

-Mientras no te empaches de ti mismo.

-Debemos utilizar nuestra sombra, ser más ligeros, afinar las capacidades, entender. Entonces es fácil curar, tener telepatía y comunicarse con los otros, las plantas, los animales. Si decides vivir todas tus capacidades para hacer el bien, la vida es deleite.

-¿Desde cuándo lo sabe?

-Momentos antes de morir mi hija me dijo: ‘Mamá, carga tu sagrada pipa, tienes que compartir tu sabiduría y vas a viajar mucho. No temas, yo te acompañaré’. Yo vi con mucho asombro como ella se incorporaba al cosmos. Experimenté que la muerte no existe. El horizonte se amplió y las percepciones perdieron los límites, por eso ahora puedo verla y escucharla, ¿lo cree posible?

-Sí.

-Mis antepasados nos dejaron a los abuelos la custodia del conocimiento: ‘Llegará el día en que se volverá a compartir en círculos abiertos’. Creo que ese tiempo ha llegado.

Imágenes: CISEI y SophiaOnline

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La enfermera maya que conoce de leyes

Autor: Claudia Palma
Vía Revista D | Noviembre 22, 2015

 

Encarnación García es la segunda de siete hermanas. Nació en el waquib b’atz, el día en el que vienen al mundo aquellos con inclinación a las artes, la Medicina, las leyes y los destinados a ejercer la autoridad, según el calendario maya.

“SIEMPRE SUPE QUE PODÍA SER ENFERMERA PORQUE ME NACÍA. ME RECIBÍ DE LA ESCUELA DE ENFERMERÍA DE OCCIDENTE”

Todo esto parece que se cumplió en la vida de esta mujer de 62 años, porque a los 13 años ya era guía espiritual, unos años más tarde se graduó de maestra, luego de enfermera, es traductora jurada de k’iche’, trabaja en los procesos judiciales y fue coordinadora del proceso de ratificación del Convenio 169 —un instrumento jurídico internacional que trata específicamente los derechos de los pueblos indígenas—. Y como si eso fuera poco, le quedan dos cursos para cerrar la carrera de abogado y notario.

Su nombre, además, figura en los expedientes de apelaciones de sentencia de amparo en la Corte de Constitucionalidad, en los que se solicitó garantizar el derecho de comunicación en el idioma propio a indígenas recluidas en el Centro de Orientación Femenina (2010).

Se hizo acreedora a la Orden Monja Blanca, una distinción que otorga el Ejército de Guatemala a los civiles.

Hablemos de su primer trabajo como enfermera.

Quiero volver un poco más atrás, pues mi primer don fue el de guía espiritual maya. Años después, me gradué de maestra de educación primaria, luego de enfermera profesional. Más tarde obtuve el título de Traductora Jurada con especialidad en una lengua maya, reconocida por la Universidad de San Carlos, y la Corte Suprema de Justicia. Actualmente estudio en la facultad de Ciencias Jurídicas y Sociales.

No todos tienen el privilegio de ser guía espiritual. ¿En su familia hay más?

Martín Toj, mi papá, era guía espiritual. Los ancianos de las comunidades le dijeron a mi mamá que yo iba a ser alguien especial, que esa oportunidad Dios me la había dado.

¿De dónde es originaria?

De Cantel, Quetzaltenango.

¿Cuántos hermanos tiene?

Seis mujeres; yo soy la segunda. Mi papá tenía fiebre tifoidea cuando nací, y los ancianos dijeron que ese sería uno de los tropiezos que encontraría en mi vida. Nací en el waquib b’atz, el día destinado a las artes, la música, la pintura, la Medicina, las leyes y a ejercer la autoridad.

Cuando tenía 11 años me tiró una vaca a un pequeño barranco, y los ancianos le pidieron a mi mamá que se preocupara más por mí, porque yo tenía un destino especial. A los 13 años recibí el privilegio de ser guía espiritual.

¿Cómo fue su infancia?

Fui una lideresa maya, como lo marcó el día de mi nacimiento.

Aprendí mis primeras letras en la escuela de la fábrica de Cantel, pues mi papá era operario y era obligatorio estudiar. Primero y segundo grados los cursé en ese establecimiento; de tercero a sexto estudié en la escuela de la parroquia de Cantel, en el Instituto Parroquial Juan Diego, donde conocí al sacerdote austriaco Luis María Attem, quien insistió en que me formara en la capital. ‘Le voy a conseguir una beca y se va para la ciudad, porque necesito que haya niñas que estudien’, les dijo Attem a mis papás. Así fue como llegué al Instituto Indígena Nuestra Señora del Socorro, donde estudié básicos. El magisterio lo cursé en Antigua Guatemala.

Tenía que prestar un año de servicio después de graduarme, así que me mandaron de vuelta al mismo colegio donde estudié en capital, para impartir clases.

¿Fue buena estudiante?

Sí. Mientras trabajé obtuve una beca de un año para estudiar Demografía en la Universidad del Valle.

¿Por qué decidió estudiar magisterio y enfermería?

Siempre me han gustado los niños y además quería impartir clases en el área rural, pero nunca me salió un trabajo. Siempre supe que podía ser enfermera porque me nacía. Me recibí de la Escuela de Enfermería de Occidente. Cuando iba a recibir mi nombramiento no pude ir porque mi madre estaba enferma, así que volví a casa. Después de que ella se recuperó insistí en trabajar y fue así como llegué al centro de salud de Chinique de Las Flores, Quiché.

También fui enfermera en Chiché y en Zacualpa, Quiché, durante el conflicto armado. Después me mandaron a Chajul; dormía en el centro de salud de Nebaj —hoy hospital—, pues no había ni pensiones ni ningún lugar donde quedarme.

Colaboré con varias comunidades de Xalbal, Ixcán, para levantar censos de población.

Estuve seis años en Quiché. Luego me trasladé a la Ciudad de Guatemala, pues obtuve un interinato en el Hospital San Juan de Dios.

Pero trabajar en un hospital de referencia es muy distinto.

Iba a optar a una plaza, pero pensaron que era conflictiva porque era parte del Sindicato de Salud Pública. En el San Juan de Dios me entrené en Neonatología y también recibí cursos de terapia ventilatoria. El médico Néstor Guzmán, quien falleció, me alentó a estudiar. Hice cursos también de Neumología. Después obtuve una plaza en el Hospital Infantil de Infectología y Rehabilitación, hasta que me jubilé, 30 años después.

¿Cómo se convirtió en traductora de la Corte?

En 1995, con la Ratificación del Convenio 169, coordiné las actividades. Fue ese año que surgió la oportunidad de estudiar los sábados. Casi dos años después me gradué de traductora de k’iche’. Empecé a preguntarme ¿por qué hay leyes y no las entendemos?

¿Trabajaba al mismo tiempo en la Corte?

No, empecé a trabajar como traductora después de jubilarme. Participé específicamente en el caso de trata de las menores esclavizadas en tortillerías de San Miguel Petapa y Villa Nueva. Entre las 42 víctimas había 27 niñas, la mayoría hablaba k’iche’. Creo que como me veían ya grande les daba aliento.

¿Estuvo en otros casos?

Con los jóvenes de la minería de Huehuetenango y también acudí a la Corte durante el juicio de Ríos Montt, aclaro que no serví como traductora, les explicaba a las personas lo que estaba sucediendo. Fui invitada al Congreso por el entonces vicepresidente Rafael Espada, cuando se hizo entrega de la Constitución en los cuatro idiomas mayoritarios mayas.

Serví como traductora al maestro de ceremonias, fue un gran honor, un momento muy importante.

Su trabajo en la Corte ¿la animó a estudiar Ciencias Jurídicas?

No, me inscribí en la carrera desde 1989, pero por mi trabajo en el hospital no pude estudiar. Tendría unos 32 o 33 años. Volví a retomarlo hace unos siete. Ahora ya casi cierro, solo me faltan dos cursos.

Cumpliré 63 años el 7 de diciembre.

¿Piensa ejercer esta carrera?

Yo digo que sí, aunque me cuesta eso de la tecnología (risas). Pero puedo ofrecer asesorías. Además, soy locutora profesional.

¿Tiene algún programa?

Aún no, porque primero debo terminar Derecho. Seguí la locución porque quería entrenarme sobre cómo hablar en público. Estudié en la TGW. No pierdo el entusiasmo de hacerlo, es decir, que me escuchen en la radio.

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