New Eco Search Engine Lets You Plant Trees While Surfing the Internet

By: The mind circle
Via: The mind circle

Google statistics show they process roughly 3.5 billion searches for people each and every day. This accumulates to around 1.2 trillion searches annually. The things people are searching for range from cute cat pictures to fetish style porn. However, a nonprofit organization in Berlin has created a way for people’s nonstop clicking and searching to help save the world’s forests.

The search engine “Ecosia” is an unusual search engine that does something that no other search engine does. With the advertising revenue that it generates, the nonprofit spends that money on the environment. It uses the money to plant more trees throughout the world and to bring more plants, animals, and water to areas which have endured drought. When trees are brought to desert areas, they are able to help regenerate the water cycle there. This eventually brings vegetation which, in turn, filters the air, produces more oxygen, and reduces disease.

With the money that Ecosia has raised so far, they have been able to help plant more than 6 million trees all across the world. They’ve also donated millions of dollars to European and African forestry programs. By 2020, Ecosia wants to plant at least 1 billion trees across the world. The Sahel desert has already begun turning back into a forest because of Ecosia and their effort.

Image Credit: Joël Tettamanti and Bertrand Trichet

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Reflexiones Marginales

Reflexiones Marginales

Director: Alberto Constante / Facultad de Filosofía y Letras
Vía Reflexiones Marginales

Revista digital recomendada por Mariana Chávez Berrón, colaboradora de México para Replicación de Arttextum

 

Esta revista nace de una percepción: que la filosofía necesita dar respuesta a un conjunto de problemas que se dan alrededor de saberes de frontera y de saberes de y desde los márgenes, es decir, de saberes que quedan atravesados por dos o más conocimientos y que no se detienen en una especificidad sino que se entrecruzan, se subsumen, se yuxtaponen. Pero al mismo tiempo, de lo que se trata es de un procedimiento crítico que indaga sobre la constitución de las fronteras institucionales, sociales, económicas, políticas y universitarias que establecen la identidad y la diferencia de las distintas áreas del saber. La frontera no habla de ir más allá de esos límites, de esos cercos, de esa raya que es señalada por lo decible y lo visible de una época sino que trata de poner de manifiesto la presencia de un afuera que se sostiene con y por un adentro, es la articulación sostenida de relaciones de saber y poder como posibilidad de subjetivación y de libertad. La frontera en su enunciación no rompe lo divisorio, sino que es el lazo viable que se traza entre la afirmación misma de los límites.

AÑO 5. NÚMERO 30. DICIEMBRE 2015-ENERO 2016 NATURALEZA
AÑO 5. NÚMERO 30.
DICIEMBRE 2015-ENERO 2016
NATURALEZA

Partiendo del hecho de que estas fronteras no son naturales, ni universales, sino que son construidas, y en consecuencia son el efecto de ciertas políticas del saber, se ha hecho necesario preguntarnos cómo, cuándo y dónde han tenido lugar los procesos de especialización y de división del trabajo científico, académico o de índole disciplinaria con los cuales se produce el conocimiento. Esta compleja tarea exige estar a la escucha de la diferencia; porque decir la verdad es una tarea plural, atravesada por el desacuerdo y el conflicto. En esta medida, los diversos saberes que conforman a las Humanidades se han enfrentado recientemente con un nuevo reto: la emergencia de la interdisciplinariedad, la cual surge no sólo como un objeto de la reflexión, inédito en nuestra historia hasta hace poco, sino como una instancia, por definición inapropiable, a partir de la cual es posible interrogarse de manera colectiva sobre la racionalización del trabajo que hacemos en las Humanidades.

Imagen de portada: Año 6. Número 37. Feb-Marzo 2017. Danza y fotografía (2a parte).

Creemos en tu trabajo y opinión, por eso lo difundimos con créditos; si no estás de acuerdo, por favor contáctanos.


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El impacto medioambiental de Google

Joana Moll, artista Arttextum

Autores: Roberta Bosco y Stefano Caldana
Vía Fundación Aquae | Octubre 6, 2015

 

Sin tomar en consideración la actividad de las industrias, está comprobado que el tráfico aéreo genera menos contaminación que los tradicionales medios de transporte, pero ¿puede ser superado por las emisiones generadas por la actividad de los usuarios de la red?

La asombrosa respuesta es sí. Lo demuestra la artista catalana Joana Moll (Barcelona, 1982) con su CO2GLE, un proyecto artístico que revela un dato sorprendente: navegar en la red contamina más que volar con un avión. De hecho, sólo la lectura de este artículo supone una emisión en la atmósfera de aproximadamente 0.17 gramos de dióxido de carbono (CO2).

Toda actividad humana implica un coste para el medioambiente, que se puede plasmar en porcentajes de emisiones de gases contaminantes en la atmósfera y entre todos ellos, el dióxido de carbono es uno de los más nefastos para el clima mundial y uno de los principales responsables del efecto invernadero. Todavía no se ha llegado a entender exactamente la repercusión de la actividad de los internautas para el medioambiente, aunque según estudios recientes Internet es responsable del 2 % de las emisiones globales de CO2. En promedio la producción de 1 Kwh. de energía emite 544 gr. de CO2 y son necesarios 13 Kwh. para transmitir 1GB de información, lo que equivale a 7,07 Kg. de CO2.

Evidentemente todos estos datos son aproximativos y afortunadamente este espacio de la Fundación Aquae sigue manteniéndose en unos márgenes de contaminación aceptables si los comparamos con el efecto diario generado por las emisiones de sitios muy populares como Facebook, YouTube o Google. Este último es el sitio más visitado de Internet con un promedio aproximado de 47.000 solicitudes cada segundo. Considerando que su web pesa cerca de 2 MB, se puede afirmar que a raíz de su uso la atmósfera recibe una cantidad que se acerca a los 500 Kg. de CO2 por segundo.

Todo esto se desprende de CO2GLE, un nuevo proyecto para Internet de la artista, docente e investigadora Joana Moll, que se expondrá a partir de mañana en The Promise Of The Internet, una exposición organizada por Connect The Dots. La obra de Joana Moll, que se proyectará en distintos espacios del vanguardista centro de arte de Sheffield (Reino Unido), es una despiadada y cruda página web que, gracias al empleo de un algoritmo, evoluciona inexorablemente relatando a través de los números la irremediable realidad sobre la cantidad de dióxido de carbono que Google lanza en la atmósfera. “CO2GLE se sitúa en una zona ambigua entre arte e investigación. Es una performance virtual simbólica, que intenta crear un espacio para la reflexión y el pensamiento crítico en relación a las consecuencias materiales de la híper-aceleración del infospace”, explica Moll, una creadora transdisciplinaria que trabaja en la investigación creativa sobre el uso de las nuevas tecnologías y su repercusión en la sociedad contemporánea.

La artista nos explicó como la idea de CO2GLE surgió después de varios años investigando los métodos de videovigilancia civil en la frontera entre Estados Unidos y México para Arizona: move and get shot, su anterior trabajo. “Me dediqué a estudiar cómo ciudadanos civiles controlan la frontera desde sus casas a través de cámaras web y plataformas online, que les permiten denunciar a las autoridades la entrada de inmigración ilegal en territorio estadounidense. Durante esa exploración me preocupó mucho la desconexión entre la acción y la consecuencia al operar por el medio digital, sobretodo la dilución de las responsabilidades de la acción y sus implicaciones éticas, políticas, económicas y medioambientales”, indica Moll relatando como a través de esa inquietud, a finales de 2013 empezó a preguntarse acerca del impacto material del uso de Internet.

“En realidad no tenía muy claro por dónde empezar y comencé a investigar la cantidad de kilovatio-hora (Kwh.) que se necesita para cargar la información en la red. Obviamente este proceso se traduce en emisiones de dióxido de carbono (CO2), y me pregunté cómo es posible que una conexión tan obvia estuviera tan desdibujada en la imaginación social. Calcular las emisiones exactas generadas por las comunicaciones en la red es extremadamente difícil debido a la gran cantidad de actores participantes en el proceso, entonces CO2GLE nació con la idea de hacer visible la materialidad de lo virtual y resaltar esa conexión”, concluye Moll que actualmente está desarrollando un plugin para navegadores, que permitirá calcular en tiempo real las emisiones aproximadas que un usuario genera al navegar por la red.

Sin embargo su investigación no concluye allí y sin ahondar mucho en la repercusión ecológica generada por las principales industrias, la artista ha querido compartir con nosotros también unas estadísticas sobre la contaminación de los pequeños objetos domésticos y las acciones cotidianas, que a pesar de llevar tiempo circulando por la red parecen no haber generado mucha sorpresa en la opinión pública. Sin embargo hay datos asombrosos, por ejemplo planchar una camiseta produce una emisión de 25 gr. y un minuto de llamada por el móvil puede alcanzar los 57 gr. En cambio se calcula que un tweet genera aproximadamente 0.2 gr. de CO2, mucho menos que los 4 gr. que requiere enviar un email o los 12 gr. necesarios para mantener encendido un ordenador portátil durante una hora.

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