Shhhh, We’ve Got a Secret: Soil Solves Global Warming

Shhhh, We’ve Got a Secret: Soil Solves Global Warming

Author: George Spyros
Via Tree Hugger | June 28, 2007

Article recommended by Mick Lorusso from the USA / Italy, collaborator of Arttextum’s Replicación

 

In the seven-minute video after the jump, QuantumShift.tv turns its lens to the carbon emissions caused by large-scale farming practices used in growing much of the food in the United States, Canada and the UK. According to the video Soil: The Secret Solution to Global Warming, land farmed organically, using such methods as “no-till” and the planting of winter cover crops, absorbs and holds up to 30% more carbon than conventional agriculture. Converting all US farmland to organic would reduce CO2 emissions by 10%. The UK version of the video states that such a conversion would result in a 20% per year reduction in CO2 emissions (although the on-screen graphic still reads 10%, ostensibly because only the voice-over has been changed from the US version). The extra carbon in the soil also increases food nutrients, which could greatly reduce health care costs. Dig a little deeper after the jump.

The land-based carbon cycle works as plants take CO2 out of the atmosphere and convert it to organic material by photosynthesis. The oxygen in the molecule is released back into the air and the carbon becomes part of the plant’s structure and eventually the soil. Plowing churns up this organic matter and introduces oxygen which expedites its decay. That is, the exposed carbon recombines with oxygen and is released into the atmosphere as CO2, a principle greenhouse gas. The organic farming practice of no-till greatly reduces this large-scale break-up of soil by cutting small slits that are just large enough to accommodate the planting of seeds, thereby conserving the amount of carbon stored in the earth. From a policy perspective, it is most accurate and I think effective to refer to such storing as “agricultural carbon sequestration” in opposition to the industrial catch phrase “carbon sequestration” which refers to the business of going to impractical lengths and assuming a high degree of risk to bury CO2 in the earth’s crust. According to the USDA, U.S. agricultural soils have lost, on average, about one-third of the carbon they contained before wide-scale cultivation began in the 1800s, but more on that later. The video also points out that less tillage also decreases C02 emissions from farm machinery since the equipment makes fewer runs over the field. Also, the benefits of no-till sequestration are tripled when combined with the planting of winter cover crops which are used in organic farming to maintain a healthy soil.

Much of the data in the video is based on a 27-year comparative study conducted by the Rodale Institute in Pennsylvannia which also dispels the myth that chemical fertilizers are needed to provide better yields. Today I spoke briefly with Dr. Paul Hepperly who’s featured in the video in an on-camera interview, and he told me that the data from the study has been taken up by Kyoto Protocol signatories Great Britain, Germany and the Netherlands as a component of their climate roadmaps for reducing atmospheric CO2 levels. Notwithstanding that good news, petitions are available which have the goal of pushing leaders to shift existing agricultural subsidies from conventional to organic farming. Go here to sign for the US, Canada or ROW (rest of world).

Image: YouTube

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Fundación Pedagógica “Rayuela”

Autor: Fundación Pedagógica “Rayuela”
Vía Fundación Pedagógica “Rayuela”

 

Rayuela es el fruto de un sueño donde los niños y las niñas tienen la oportunidad de convivir en un ambiente de respeto y en el que utilizando el juego se puedan proponer y encontrar con seriedad los caminos que le permitan aclarar sus dudas, conocer nuevos saberes y compartirlos, un lugar donde el alma más importante es el argumento, donde no se compite sino se discute…

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O volvemos al estiércol en nuestra agricultura o no habrá futuro

Autora: Elena Pita
Vía Agricultorers, Red de especialistas en agricultura | Junio 29, 2016

 

Jairo Restrepo, el promotor del uso del abono natural en la agricultura.

Cae en tromba el agua sobre la tierra caliente de sol, tapizada de esparceta rosada y bella. Como una tormenta de verano fugaz, en este mayo que marcea. El maestro está desgranando el ABC (su biblia personal de agricultura orgánica) en fórmulas perfectas, y los alumnos apuntan minuciosos en sus cuadernos de campo, dibujos y croquis, números y letras.

Son una treintena de agricultores, ingenieros, viticultores, simples cuidadores de la tierra, y les está enseñando esta tarde la activación líquida de microorganismos. Dos galones de melaza, dos de suero de leche, 100 litros de agua y 10 kilos de vida o los microorganismos que esta mañana él mismo ha creado. Disuelve, trasiega valiéndose de cubos y empapa con aquello la bolsa de la vida: que penetre la humedad y, pasados 30 días de fermentación, las plantas reirán al beber el líquido elixir. «Es el mejor y más sencillo biofertilizante que cualquier campesino pueda preparar».

Regresa el sol tras el aguacero. Cuece el abono en bidones huecos sobre la tierra, hecho de heces de gallina, cáscara de arroz y harina de roca. Estoy escribiendo y a mi memoria vuelven los olores, del abono de pan (así huele por su base de avena fermentada), el de polvo de hueso, el zumo de alfalfa licuada en agua (nitrógeno puro), y hasta 48 biofertilizantes les enseña a preparar el maestro.

Jairo Restrepo nació sietemesino un día de abril de 1957 en Buga, Colombia, el menor de 11 hermanos, entre 84 nietos de los 26 hijos que tuvieron sus abuelos. Y con siete meses aprendió a caminar, «porque nadie me cargaba, tan feo había nacido». No dejó de caminar, colombiano errante por la Tierra para el bien de la tierra, enseñando, asesorando, desmontando mentiras.

Se doctoró ingeniero agrónomo por la Universidad de Pelotas, Brasil, huyendo de la persecución política e intelectual en su país. Es consultor en América Latina, el Caribe, Australia, África y Europa, ha enseñado en 37 universidades e institutos de investigación, asesor técnico para gobiernos y organismos internacionales como la FAO, autor de 14 libros, predicador incansable.

Lo encontramos impartiendo en el lugar de Navata, Alt Ampurdà, Girona. «Con agua y mierda no hay cosecha que se pierda», leo grafiado en su polo amarillo. O como él mismo dirá: «La vida es una eterna cagada que se recicla (sic). Sin descomposición no hay vida. La agricultura orgánica es mucho más barata que el cultivo activado por fertilización química; además, o vamos a ello o nos cargamos lo que queda de planeta», sin disyuntiva.

¿Cómo podríamos reclamar el derecho a saber qué son los alimentos que comemos?

El derecho es un invento. Yo hablaría del instinto natural de tener accesibilidad a los alimentos y te respondo con una pregunta: ¿qué pasaría si se prohibiera comercializar comida?

¿Qué pasaría con las ciudades?

No existirían. El problema está generado por una gente que no es capaz de producir lo que demanda y para lograrlo inventa necesidades artificiales. Necesidades naturales: comer, nutrirse, tener salud, sonreír… Necesidades creadas para dominarnos: el consumo de todo tipo. Te niegan lo que naturalmente necesitas y te distraen con necesidades artificiales, para doblegarte. La calidad de los alimentos pasa por no crearle necesidades al campesino, como ha hecho la agricultura industrial. El campesino ha sido violado. Y un alimento es sano cuando no tiene maldad, cuando es producido de manera natural, sin manipular las necesidades del otro.

¿Cómo rompemos la cadena?

Buscando la reconstrucción social de los campesinos, reencontrando la cultura y por tanto la felicidad en la tierra. Cuanto más despegada está de ésta, menos cultura tiene la gente. La agricultura es el arte del cultivo; la cultura nació en el campo, no es de las ciudades.

Jairo, ¿quién le enseñó todo lo que usted enseña ahora?

La necesidad. Es como si le preguntas a una abuela quién le enseñó a cocinar. Trabajo con la habilidad manual de los campesinos. Ellos no tienen sino una pala y unas semillas; yo conecto y complemento esta destreza con la habilidad intelectual, buscando el porqué de las cosas y contra qué hago las cosas. Contra un sistema de opresión que miente y reprime y nos hace pacientes. Decodifico la práctica campesina y convierto en simple lo complejo que les plantea la ingeniería agrónoma. Tengo un compromiso con los campesinos para restablecer su cultura.

Ha venido a enseñar a estos nuevos cuidadores de la tierra cómo regenerar el suelo, para que olvide o depure el veneno arrojado.

¿Estamos aún a tiempo?

Mientras haya posibilidad de recuperar la actividad biológica del suelo es posible un mundo diferente. Una tierra sin vida microbiológica es una tierra sin cerebro. Con los abonos naturales que utilizaron nuestros antepasados por tiempos inmemoriales, volverá a funcionar su memoria, que es la vida.

¿Podremos recuperar la Tierra o es demasiado tarde?

Por día se deposita medio millón de toneladas de desechos petroleros y se calcula que este planeta necesita un año y medio para digerirlos del todo. Así que tiene un atraso de 400 años. Ya no es momento de más reuniones en Tokio o París, sino de hechos. EEUU y China, responsables de un 30% de los depósitos que generan el efecto invernadero, ni siquiera firman los compromisos. O paramos la matriz de la destrucción o estaremos ante la séptima extinción, la del hombre.

¿Bastaría con detener la combustión fósil?

No. El mayor destructor del planeta es el sector agropecuario, algo que ni siquiera se contempla en esos congresos internacionales, porque hay cuatro corporaciones que dominan 67 centavos de cada dólar mundial. El alimento sale de la naturaleza, todo el mundo tiene que comer, y esto les hace dueños del 67% de la economía. ¿Cómo nos dominan? Con la manipulación política de la palabra hambre y con la desnutrición tecnológica de los alimentos para que el hombre enferme y dependa de la farmacia. También con la expulsión del campesino y a través de la geofísica, con la modificación de las condiciones climáticas en lugares concretos, para expulsar a la población. Los desastres en América Latina, África y Asia no son naturales, sino ensayos.

¿Este proceso se ha hecho de modo planificado o ha sido una forma de ganar más dinero?

Yo te diría que sí, que todo está programado. Es un sometimiento sistematizado y programado: la industria sabe de todo esto y sabe lo que quiere.
Cuénteme un cuento o un sueño para poner un fin esperanzador a esta entrevista.
(Ríe) Mi sueño es construir un estado ideal del ser, para no ser un ser ideal del Estado. Hoy ese Estado es autoritario porque vivimos en una dominación global.

ALIMENTACIÓN TÓXICA

Sostiene Restrepo que «el coeficiente intelectual de los niños europeos ha disminuido un 17% en los últimos 25 años debido a la alimentación tóxica». En la misma línea, afirma que “comer es saber o ser consciente de qué es aquello que prolonga tu vida y qué te hace daño. Hoy la comida te roba la energía; no es sana, está programada para debilitar actuando en tres niveles vitales: elimina el sistema inmunológico, es neurotóxica y afecta al comportamiento social.

No sólo produce toxicidad a base de procesos industriales de conservación que son veneno, sino que deprime y merma la emoción. No cabe en mi cabeza que no se hagan análisis comparativos de la sangre que existía antes de la fertilización y el tratamiento químico de la tierra y la que hoy tenemos. La sangre evoluciona con la nutrición y es imposible que la industria no sepa este dato. La agricultura orgánica genera energía y la agricultura industrial quema energía, es así de sencillo”

Imagen cortesía de la Universidad Tecnológica de Paquimé

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¿Por qué el futuro es trabajar en el campo y no en la ciudad?

Autor: agriculturers.com
Vía Inversiones Agro | Marzo 30, 2016

 

Asegura que el futuro está en el campo. Al menos, el suyo a medio plazo. En 2011, Blanca Entrecanales, madrileña de 54 años, hija de José María Entrecanales, fundador de Acciona, compró una finca de 240 hectáreas, a las que acaba de añadir otras 33 más, en plena comarca de la Campana de Oropesa (Toledo), a la que bautizó como Dehesa el Milagro. El nombre se debe a que después de salir ilesa de un accidente de coche en un paso a nivel de tren, próximo a la finca, decidió que el hecho de haber salido viva era algo extraordinario. “Todo en mi vida surge intuitivamente, sin tenerlo predestinado, como el milagro de tener ahora este proyecto de agricultura ecológica”, explica Entrecanales, en el espacio de trabajo que comparte con su hija, la decoradora Marta de la Rica.

Lo que comenzó poco a poco, siguiendo ese movimiento slow que recorre todo el mundo y los principios basados en la agricultura regenerativa, promovida por el australiano Darren Doherty, ha acabado por convertirse en un proyecto empresarial con futuro. “Aplicamos sus principios que hacen que la tierra se regenere y se fertilice de manera natural”. Advierte Blanca Entrecanales que todo lo ha tenido que aprender sobre la marcha. Hasta ahora había llevado una vida alejada de estos menesteres.

Estudió Derecho, se casó, entró en el mundo de las antigüedades, tuvo a sus tres hijos, se separó… Hasta que un día, en un viaje a Etiopía conoció al arquitecto Arturo Grinda, que se embarcó con ella en esta aventura en el campo. Todo esto lo va desgranando de forma espontánea, sentada en una silla en medio de la amplia sala, donde entra luz natural a raudales. La mayor parte del tiempo lo pasa en la finca, donde controla sobre todo la calidad de los productos y los procedimientos naturales que emplean para obtenerlos.

Cada semana, de Dehesa del Milagro salen más de 50 cestas con verduras y hortalizas ecológicas recién cortadas que se entregan, en dos formatos (la grande, con pan de espelta, aceite y huevos, sale por 55 euros; y las de siete kilos a 22 euros) en cajas directamente en el domicilio del cliente. Ahora se encuentra en pleno proceso de crecimiento, y para ello acaba de incorporarse al negocio, en el que trabajan 14 personas, su hijo Borja de la Rica. “Estoy feliz de que se haya implicado en este proyecto porque necesitamos una persona joven, dinámica, con otra visión”. La llegada de esta nueva generación se va a traducir en el estreno en el mes de abril de una nueva página web, “mucho más ágil, practica y comercial que la que tenemos ahora”. Es la hermana de José Manuel Entrecanales, el actual presidente de Acciona, la empresa de infraestructuras, energía y servicios de agua que fundó su padre en 1997, y explica que el apellido puede ayudar la primera vez a vender, “pero si no tienes un buen producto no vuelven a comprarte”.

el-futuro-es-el-campo

También trabaja con restaurantes, como Rooster, el local de Alfonso Castellano, que apuesta por una cocina natural, o Marconi y Cabaña Marconi. En estos momentos dispone de una cartera de 400 clientes que desea convertir en abonados, dado que el abanico de productos se irá ampliando, ya que en la finca hay en estos momentos ganado vacuno (avileña cruzada con limousin), ovino de raza talaverana, pollos camperos, gallinas ponedoras y cordero. “No tengo tiempo de nada…”

Para Blanca Entrecanales la oficina está allí donde tenga su ordenador y teléfono móvil. Cuenta con dos despachos, uno en Dehesa el Milagro; y el otro en Madrid, que comparte con su hija, decoradora de interiores. Por tanto, el espacio está repleto de objetos decorativos vintage, art decó, telas, libros de decoración, sillas, mesas, lámparas, y unas láminas con hortalizas. En ese mismo espacio se entregan, para quien lo desee, las cestas de verduras y hortalizas que venden semanalmente.

Sobre la mesa tiene una muestra de ellas, y confiesa que el invierno, su estación preferida del año, es rica en verduras con las que se puede cocinar sano. Es otra de sus obsesiones. En la página online de Dehesa el Milagro (www.dehesaelmilagro.com) se pueden encontrar recetas que ella prepara para cocinar con cierta gracia las verduras.

Y destaca que uno de los valores añadidos de la finca es el personal que trabaja en ella. “Estoy orgullosa del equipo, son jóvenes, a los que cada vez atrae más la agricultura. Es el futuro, están deseosos de aprender cosas nuevas, de acumular sabiduría”, explica esta empresaria que desea destacar la labor de su asesor en estos temas, Carlos Terraz, presidente de AviAlter, una sociedad avícola alternativa. Juntos están volcados en un trabajo con el Ministerio de Agricultura para cambiar la normativa de las pequeñas granjas y su relación con los mataderos. “Queremos controlar la forma en la que se sacrifican nuestros animales”, señala Entrenacanales, cuyas aficiones son la cocina, pasear con los perros y la fotografía.

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