La magia trazada en cielo, tierra y mar

La magia trazada en cielo, tierra y mar

Autor: José Daniel Peraza
Vía Instagram @jdpc03 | Marzo 2018

Imagen recomendada por Cindy Elizondo, colaboradora de Costa Rica para Replicación de Arttextum

Nuestra colaboradora Cindy Elizondo nos ha compartido esta fotografía de este gran fotógrafo costarricense. Sigue al autor en Instagram (@jdpc03) y descubre más.

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9 juegos de relajación para criar niños emocionalmente fuertes

Autora: Raquel Aldana
Vía La mente es maravillosa | Enero 8, 2017

 

En una época en la que se usan las tablets para calmar a los niños, se hace más indispensable si cabe entrenar a nuestros pequeños en técnicas de relajación. Podemos hacerlo por medio de juegos para que, a la vez que desarrollan recursos para la vida, se diviertan.

Así, teniendo en cuenta que vivimos en una sociedad que fomenta la prisa, los estímulos rápidos y la gratificación inmediata, es de suma importancia que tengamos a mano recursos que favorezcan un mayor autocontrol.

Por eso, basándonos en esta premisa, en este artículo hemos recopilado algunos juegos que se constituyen como técnicas de relajación para los más pequeños de la familia. Veamos en qué consisten:

1.¡¡A soplar la vela!!

Este juego consiste en aprender a respirar de manera profunda, es decir, cogiendo aire por la nariz, inflando la barriga y expulsando poco a poco el aire mientras soplamos la vela con intención de apagarla. Una vez que están comprendidas las instrucciones, situamos al niño en una silla a dos metros de la vela, que se encontrará encendida encima de una mesa.

No puede levantarse ni inclinarse, por lo que es esperable que no consiga apagarla. Así que lo acercaremos medio metro aproximadamente. Realizaremos acercamientos progresivos hasta que la apague. De esta manera tendremos un rato de juego de unos 5 minutos en el que el niño adquirirá la habilidad de respirar profundamente.

2.El juego del globo

La técnica del globo es un juego maravilloso que nos ayuda a fomentar la relajación a través de una correcta respiración. ¿Qué necesitamos? Un espacio amplio y globos de colores. ¿Qué debemos hacer? Inflar un globo tanto que explote e inflar otro globo y dejar que expulse el aire lentamente manipulando la boquilla.

Después, les pediremos a los niños que cierren sus ojos y se imaginen que se convierten en globos mientras toman aire. Luego, les solicitaremos que expulsen el aire lentamente, como si fueran globos.

Tras hacer esto pediremos a los niños que nos cuenten situaciones en las que se sienten como globos, situaciones en las que no pueden soportar o tolerar algo. Entonces, les invitaremoss a que nos indiquen cómo lo han resuelto, ofreciendo alternativas si necesitasen ayuda para tomar conciencia de esas situaciones.

3.La relajación progresiva

Si bien podemos darles nosotros las instrucciones, en youtube tenemos un vídeo estupendo basado en el texto original de la relajación de Koeppen que narra las instrucciones de relajación con una fantástica música de fondo cortesía de Salvador Candel. No obstante, cabe decir que las instrucciones también podemos dárselas nosotros, ambientando la situación con música relajante que favorezca un entorno cálido y sosegado.

Como nota adicional, cabe decir que para favorecer que generalicen este tipo de relajación en contextos más “naturales” como el colegio, podemos decirles que si se ponen nerviosos en clase, agarren la silla mientras están sentados y tensen los brazos y el tronco al mismo tiempo que hacen fuerza con los pies en el suelo.

4.El juego de la semilla

Con música relajante de fondo y luz tenue, simbolizaremos el crecimiento de un árbol. Comenzaremos por ponernos de rodillas en el suelo con la cabeza agachada y los brazos extendidos hacia adelante, como si fuésemos gatitos desperezándose.

Somos una semilla que, al son de la música, va creciendo y convirtiéndose en un árbol grande con hermosas ramas, que serán nuestros brazos extendidos hacia arriba cuando estemos de pie. Este ejercicio es ideal para hacerlo con ellos por la noche, antes de acostarlos.

5.El cuento de la tortuga

El cuento de la tortuga, desarrollado por Schneider, es magnífico para fomentar habilidades de autocontrol. En el enlace se narra la historia de una pequeña tortuga que se enfadaba por todo y explotaba con gran facilidad.

Un día, tras sentirse sola y aislada, se encuentra con una sabia tortuga que le da un truquito para controlarse cuando se enfada: meterse en su caparazón, contar hasta calmarse, frenar sus pensamientos y relajarse.

Este cuento es ideal para narrarlo a niños entre los 3 y los 7 años. Para favorecer la puesta en práctica de esta habilidad podemos darles una pegatina o un papelito con una tortuga cada vez que realicen el ejercicio en una situación de tensión. Lo tenemos descargable y listo para imprimir en este enlace.

6.El frasco de la calma

Llamamos frasco de la calma a un bote en el que metemos agua, silicona líquida para dar densidad al contenido y, por ejemplo, purpurina. Podemos fabricarlo con ellos con una manualidad más y es ideal para que lo contemplen tanto en momentos de tensión como en momentos que podemos llamar “zen”.

Consiste en que lo agiten y observen el movimiento, después de ello les explicaremos que la purpurina es como sus emociones, que se agitan y agitan hasta que se tranquilizan. Es ideal para fomentar la reflexividad.

La sola observación de la purpurina moviéndose lentamente les ayudará a concentrarse y relajar su mente tras momentos de gran activación. Os dejamos un enlace en el que se explica cómo fabricarlo y cómo usarlo. ¡¡No olvidéis sellar el bote con pegamento extrafuerte para impedir que se abra y se desparrame el contenido!!

7.El juego del soplador de bola gigante

Otro recurso más para divertirse y aprender a respirar de manera profunda es el juego del soplador. Consiste en que mantengan durante el mayor tiempo posible la bola en el aire. Divertido, ¿verdad? Lo cierto es que este juego les encanta y es muy funcional para favorecer la relajación.

8.Arrugar papeles, aplastar bolas, garabatear

Garabatear, arrugar papeles o aplastar bolas blanditas tipo anti-estrés es otro juego maravilloso para ayudarles a canalizar sus emociones negativas. Además, al mismo tiempo favorecemos el desarrollo de la motricidad fina, ya que les ayudamos a fortalecer los músculos de sus pequeñas manos.

9.Pintar mandalas

Pintar mandalas no solo favorece la relajación y la reflexividad, sino la capacidad de concentración y la habilidad creativa. En librerías y en internet encontramos numerosas alternativas adecuadas para ellos que les encantarán.

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La enseñanza de un jardín zen

Autor: Anatxu Zabalbeascoa
Vía El País -Blog| Agosto 20, 2015

 

Los jardines secos, de piedras rastrilladas en lugar de vegetación o con apenas vegetación, y capaces de evocar un paisaje lunar son lo que reconocemos como jardines zen. Son espacios para la meditación en los que la grava parece congelar el momento en que la piedra cae al agua y, por lo tanto, consigue una imagen inusitada. Tan imposible como el trabajo de un jardinero exquisito que, rastrillo en mano, trabaja descalzo para evitar dejar huellas. Con tanto cuidado que su labor se intuye sin hacer ruido. El jardín de meditación para los monjes alcanzó el kitsch cuando se empezaron a comercializar jardines zen en miniatura para los salones de los occidentales pudientes con supuestas ínfulas culturales, que eran, en realidad, la misma apuesta de siempre por la cultura del consumo para alcanzar la felicidad.

Entre los jardines zen de Kioto, Ryoan-ji es el más famoso. Tiene apenas 23×10 metros y data del siglo X. En él son legendarias sus 15 grandes rocas, en ocasiones rodeadas de musgo, de las que, se ponga uno donde se ponga, solo se pueden ver 14. El 15 se asocia, en el budismo, a la perfección de nuestro 10. Por eso en ese jardín, es complicado alcanzarla. No hay que mirar solo con los ojos para alcanzar la iluminación. Sin embargo, y también en Kyoto, en el templo de Tofuku-ji, un jardín, arraigado en el siglo XIII y ampliado en el XX agranda la lección del famoso templo.

Aquí, corría el año 1939 cuando el abad le pidió al jardinero Mierei Shigemori un plan para mejorar lo que tenían. Shigemori se entusiasmó tanto que trabajó sin cobrar y, de acuerdo con los principios zen, utilizó solo lo que ya tenía: las piedras del lugar y su vegetación para evitar el desperdicio. El resultado fue un jardín abstracto, inesperado, moderno y ejemplar, un jardín para el siglo XX cuya sutil y a la vez contundente lección permanece viva en el XXI.

Lo que Shigemori hizo se resume en la lógica, el reciclaje, la pasión y el atrevimiento. Así aprovechó lo que tenía, pero en lugar de protegerlo lo mezcló. Hizo convivir el musgo con el pavimento gris que había en la entrada construyendo un damero de musgo y piedra que ha sido incansablemente imitado. También convirtió, como en los mejores jardines zen, la grava en agua, rastrillándola y dibujándole ondas y círculos concéntricos. Ideó, finalmente, la marca de la casa: parterres de azaleas construyendo un orden cartesiano y montañas de vegetación que parecían surgir de la grava explicando que donde parece que no hay nada puede llegar a brotar todo.

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Las tejedoras de Mampuján: La fuerza femenina del perdón

Autora: Gloria Castrillón
Vía Revista Cromos | Noviembre 19, 2015

 

Este grupo de mujeres campesinas que ayudó a comunidades de los Montes de María a superar los traumas de la guerra, representando sus vivencias en figuras de tela, han sido galardonadas con el Premio Nacional de Paz.

Las primeras puntadas fueron de dolor. Cada vez que entraba la aguja para unir las telas, algo se desgarraba en su corazón y el llanto salía sin parar. Entonces estas mujeres soltaban la aguja y se secaban las lágrimas para seguir llorando. La colcha de retazos apenas tenía forma: unas montañas de fondo, unos caminos, algunos árboles y el arroyo; ahora tenían que dibujar las personas. Cada figura representaba a un vecino, amigo o familiar. Por eso dolía tanto, porque lo que estaban plasmando en la tela era su propia historia.

Entonces después de secarse las lágrimas una y otra vez, de tomar aire y elevar una oración, volvían a tomar la aguja para ponerle ropa a cada figura humana. “El hermano Luis tenía un pantalón así”, decía la una; “la ‘seño’ Guadalupe tenía su pelito blanco muy blanco”, contestaba otra al extremo opuesto del tejido. Cada mujer aportaba un recuerdo, una idea, un pedazo de tela. Así construyeron su primer tapiz. Desplazamiento, se llamó. Así, sin eufemismos ni adornos. Una sola palabra para mostrar el horror que comenzaron a vivir el 11 de marzo del año 2000 y que aún no termina.

En ese momento, mediados de 2006, eran 33 mujeres que empezaban a rehacer su vida en un lote regalado, sin servicios públicos, a casi siete kilómetros de su pueblo, Mampuján, un corregimiento del municipio de María la Baja, Bolívar. Ellas creían que después de seis años de haber salido huyendo con sus maridos, hijos y corotos a cuestas por la amenaza de los paramilitares, ya habían superado el dolor.

Pero no. Los dolores seguían guardados, les atormentaban el alma y el cuerpo. Y aunque no lo sabían, esos primeros tapices de figuras geométricas que les había enseñado a hacer Teresa Geiser, una predicadora estadounidense de la Iglesia Menonita, que había venido de El Salvador a enseñarles a coser, se convertirían en su puerta de salvación, en la ventana para mostrarse como mujeres dueñas de una fuerza descomunal de la que no eran conscientes.

Teresa había llegado con su esposo, Carlos, invitados por la Iglesia Menonita de Colombia a ayudarle a esta comunidad a rehacerse de la nada después de pasar casi cinco años rodando con sus familias y tristezas en María la Baja, entre el parque, el colegio, la casa de la cultura y unos prostíbulos convertidos en albergues. Por fin tenían un pedazo de tierra para levantar carpas o ranchitos de madera y tener algo parecido a una vivienda, un poco de privacidad.

Lo que habían vivido antes no era vida, decían ellas cada vez se encontraban a coser. Vivir hacinados, sin comida, sin condiciones sanitarias, no solo les había traído enfermedades, sino que convirtió a una comunidad creyente, tranquila y solidaria en el peor de los infiernos, por los problemas de convivencia, violencia intrafamiliar, y hasta casos de abuso sexual a los niños y niñas.

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Por eso aceptaron la idea de coser esas figuritas geométricas de tela rosada. Pero se aburrieron y le pidieron a Teresa que les enseñara a coser algo que las representara a ellas y sus familias. Así empezaron su nueva historia. Entre los talleres de costura y otros que llevaron instituciones como la Comisión Nacional de Reparación y Reconciliación, CNRR, y algunas Ong, empezaron a ser conscientes de sus derechos y a entender que el conflicto las afectaba a ellas de manera diferente que a los hombres. “En esta comunidad machista, la mujer era ama de casa y había pocas líderes. Nos dimos cuenta de que las heridas habían sanado mal, hicimos una catarsis,” recuerda Juana Alicia Ruiz, una de sus promotoras.

En ese primer tapiz quisieron mostrar la afectación de las 245 familias que huyeron ese sábado 11 de marzo muy de madrugada. El día anterior, un viernes hacia las 5 de la tarde, mientras la vida pasaba tranquila en el pueblo, las mujeres hacían sus oficios, los niños retozaban en el arroyo y los hombres jugaban fútbol en la plaza, llegaron cerca de 200 paramilitares a intimidarlos. Fueron de casa en casa y sacaron a hombres y mujeres para reunirlos en el parque. Después de insultarlos y tratarlos como guerrilleros les dijeron que los iban a matar.

“Nos dijeron que ellos eran los mismos que habían estado en El Salado (corregimiento del Carmen de Bolívar en el que los paramilitares efectuaron una de las peores masacres entre el 16 y el 21 de febrero de ese año, para torturar y asesinar a 61 personas, violar y empalar mujeres y quemar ranchos y cosechas al ritmo de tamboras) y que de este pueblo no saldrían vivos ni los perros”, recuerdan.

Lo que ellos consideran un milagro, ocurrió un par de horas después de tanto insulto y amenaza. “El jefe recibió una llamada por radioteléfono, se apartó, discutió y manotió. Cuando terminó nos dijo que nos habíamos salvado, que alguien habían intercedido por nosotros y que no nos matarían, pero que debíamos abandonar el pueblo ahí mismo”, corroboran los testimonios de hombres como Gabriel Pulido, líder de la comunidad. De tanto rogar, los pobladores lograron que los asesinos les dieran un par de horas y les permitieran irse al día siguiente.

Lo que muestra el tapiz es duro y revelador. Se ven figuras de ancianos cargados en hamacas, hombres y mujeres con bultos y niños en brazos, sujetos uniformados y armados que les apuntan. “Primero lo hicimos en cartulina y luego lo cosimos”, explica Juana Alicia, quien a la partida de Teresa se convirtió en la líder del grupo que hoy se conoce como tejedoras de Mampuján.

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Su experiencia fue tan sanadora y reconfortante que siguieron haciendo más tapices: otro se llamó Masacre, y mostraba cómo esos mismos hombres que los intimidaron fueron después a la vereda Las Brisas y mataron a 11 campesinos en un macabro recorrido que llamaron la ruta de la muerte y que justificaron con la excusa de que querían sacar al frente 37 de las Farc de los Montes de María.

Juana y sus compañeras entendieron que esa experiencia sanadora era digna de compartirse. Lograron que la ONU les financiara lo que ellas llamaron la ruta por la vida y que consistió en recorrer los mismos lugares que habían recorrido los paramilitares sembrando la muerte y el terror, pero ellas buscaban que las mujeres sacaran su dolor y lo expresaran en un tapiz.

Recorrieron varias veredas de los Montes de María, llegaron a Córdoba, Sucre, Antioquia, Chocó, Bogotá, Armenia, Duitama y Paipa. Invitaban a las mujeres a un ritual de tres días en el río, que incluía oración, masajes de relajación, almuerzo y sesiones de costura. Y evolucionaron su idea para que en cada grupo las mujeres tejieran tres tapices, uno que mostrara su vida antes del conflicto, otro para relatar los hechos violentos, y uno más para visualizar el futuro. Al final las mujeres exponían sus creaciones y su experiencia a toda la comunidad.

Además de construir la memoria, estas mujeres se convirtieron en motor de un proceso de reconciliación, en el que participaron también los hombres, y que es inédito en el país: la comunidad de Mampuján perdonó a sus victimarios, líderes del Bloque Héroes de los Montes de María, entre ellos, Juancho Dique y Diego Vecino. El hecho culminante se vivió en las audiencias del incidente de reparación que se cumplió entre el 26 de abril y el 10 de mayo de 2010.

Esas audiencias lograron conectar a Mampuján, vía satélite, con una sala en Bogotá donde sus victimarios pidieron perdón. Cerca de 20 personas que representaban a las víctimas de este y otros pueblos como Las Brisas y San Cayetano, se hicieron presentes en la sala; el resto, se agolpó en las calles del nuevo Mampuján para ver a través de una pantalla gigante las explicaciones de las masacres, asesinatos selectivos y desplazamientos, la complicidad de las autoridades civiles, militares y de policía con sus atrocidades y la connivencia de empresarios y terratenientes. “Nosotros ya habíamos hecho un trabajo a través de la emisora comunitaria”, dice Juana, para reseñar un altavoz que pendía de una vara de madera larga y que les sirvió para discutir entre todos qué era el perdón, cómo perdonar y para qué perdonar. De tal manera que cuando Alexander, su esposo y otro de los líderes comunitarios, se levantó en plena audiencia y le dijo a Juancho Dique que Mampuján lo perdonaba porque creían que era un ser humano que estaba en proceso de transformación y le entregó una biblia para él y otra para Diego Vecino, el barrio entero estalló en júbilo.

La imagen era por lo menos surrealista. Unos victimarios vestidos de traje y corbata que decían no merecer el perdón, recibían biblias de un hombre que a nombre de un pueblo entero los perdonaba, mientras ese pueblo, viviendo todavía los rigores y penurias del desplazamiento, vitoreaba, a cientos de kilómetros, semejante acto de reconciliación.

En ese mismo escenario Juancho Dique y Diego Vecino vieron los dos tapices insignes de las tejedoras de Mampuján y dijeron que querían conocer a las mujeres que habían sido capaces de representar el dolor de esa manera. “Yo sí quisiera verlos y decirles que los perdoné y que hoy oro por ellos. Quiero escuchar su historia, que me cuenten lo que les pasó, para poderlo entender más lo que ocurrió”, dice Alexandra, la pastora evangélica de la comunidad.

Esos dos tapices, Desplazamiento y Masacre, hacen parte de la sala Nación y Memoria del Museo Nacional y han recorrido varios países de Europa y ciudades de Estados Unidos como la evidencia del trabajo sanador de estas mujeres.

Las tejedoras hoy

Del grupo original de 33, quedan 16 mujeres, que han seguido tejiendo. Ya no lo hacen para sanar el dolor que consideran exorcizado, sino para ir más allá y encontrar sus raíces. Así cosieron varios tapices que representan su pasado: África libre, en el que muestran cómo se imaginan a sus ancestros; Travesía, que representa cómo viajaron esos ancestros a bordo de un barco para ser esclavizados; Subasta, para evidenciar cómo fueron vendidos al llegar al continente; Rebelión, para representar su movimiento emancipador en Palenque; y otros que muestran las actividades cotidianas de los cimarrones en sus asentamientos y cómo el conflicto se fue adentrando en sus comunidades hasta llegar a Hacinamiento, que relata las condiciones indignas en las que vivieron durante casi una década.

Esos tapices esperan que el Estado cumpla una de sus muchas promesas: la construcción de un museo en el que a través de videos, música, cantos, fotos y pinturas, relaten sus vivencias.

También esperan firmar un acuerdo con Cotelco, el gremio que agrupa a los hoteles en Colombia para coser tapices decorativos, alegres y positivos, para sus miembros. Así esperan que la tradición no se muera y que a través de un arte que aprendieron y perfeccionaron, a punta de lágrimas y callos, puedan obtener una forma de financiación. Solo les falta recuperar su tierra, el Estado no les ha garantizado el retorno.

Imágenes: David Schwarz y vice.com

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La hoja de coca es la hoja de la paz, no de la guerra

Autora: Ana María Luzardo Ocampo
Vía Las 2 Orillas | Diciembre 9, 2013

 

-¿Qué representa la hoja de coca para los indígenas de la Sierra Nevada de Santa Marta?

-El ‘Ayu’ (hoja de coca en lengua arhuaca) representa SÈ para los mamus (sabios) y sagas (sabias) de la Sierra Nevada de Santa Marta. SÈ es la visión que une armónicamente a todas las naciones indígenas del mundo con la madre naturaleza o Ati Seynekun.

La ofrendamos como símbolo del compartir las enseñanzas de origen, festejar la vida y agradecer a todos los seres de la naturaleza por su servicio: las semillas como gen de la vida, las abejas que polinizan las flores, los pájaros como sembradores silvestres, el agua como memoria viva de nuestra historia, el aire que respiramos, el sol que nos alumbra y así toda la vida en su infinidad de manifestaciones, ya que sin su trabajo no degustaríamos los frutos de la tierra.

La hoja de coca es la hoja de la paz, no de la guerra. Conocer la naturaleza de nuestro propio ser es estar en comunión con el orden del todo, y en esto no hay violencia sino armonía.

La hoja de coca también representa la feminidad.

-¿Qué usos le dan a la coca en la Sierra Nevada de Santa Marta? ¿Cómo se convive con esta planta?

-La hoja de coca tiene diferentes usos, alimenticio, medicinal y ritual, pero es ante todo alimento espiritual.

Los mamus de la Sierra Nevada de Santa Marta consideran que en el futuro podríamos sobrevivir con solo alimentarnos de esta planta, y debido a que es una planta sagrada, sólo las niñas inocentes de nueve años pueden seleccionar la hoja de coca para tostarla en el Kayueru (Olla de barro que se coloca sobre el fogón, para batir la hoja de coca a la derecha y a la izquierda).

Los mamus saludan el Abi Kwiti (el eterno infinito) y hacen pagamento a los elementales (el agua, la tierra, el aire y el sol) con la hoja de coca, que también es reconocida como el puente de comunicación e interconexión con los seres humanos. Para ellos, todas las plantas y semillas deben ser entendidas como una planta madre; y cuando ‘mojamos la palabra’ con las hojas sagradas, lo que hacemos es endulzar las palabras que vienen del corazón y de la esencia de la vida. Por esto, las abuelas de la amazonía cuentan que mambear (mascar coca) es endulzar la palabra.

Además, no olvidemos que la hoja de coca es la hoja de vida de América -símbolo de la descolonización mental, emocional, espiritual y física- que inspiró al movimiento cocalero para que América tuviera su primer presidente indígena, nuestro hermano Aimara Evo Morales.

Para nosotros, al igual que para los pueblos indígenas de América, esta hoja es el principio del despertar ancestral de Colombia.

-¿Cuál es la relación de la mujer tayrona con la coca?

-La mujer Tayrona también es representada por esta planta sagrada, y en ella, la energía del agua y la tierra que es fuente de vida, enseñanza y amor.

La coca, como representación de la energía y la fuerza femenina, endulza el pensamiento, el corazón, el espíritu de quienes la mambean. En Colombia hay mambeólogos, y como disciplina, la mambeología es originaria y auténtica; es un arte de conexión espiritual que encierra el espíritu mágico de Ati Seynekun.

-¿Cuántas hectáreas de la Sierra Nevada de Santa Marta están sembradas con coca? ¿Lo están como parte de un territorio sagrado en donde el Estado no tiene participación alguna?

-Las familias arhuacas tienen en promedio 40 plantas para su consumo. Sin embargo, por la posición geoestratégica de la Sierra Nevada de Santa Marta y las características del terreno, también se ha cultivado marihuana (habían muchos cultivos durante la época de la bonanza marimbera) y algunos cultivos que tienen un uso diferente al ancestral, específicamente para proveer la industria de la cocaína.

El cultivo de la coca para la industria de la cocaína ha sido desempeñado desde siempre por personas diferentes a los indígenas, y esto ha repercutido de manera negativa en nuestro interés de preservar el corazón de la tierra, es decir, la Sierra Nevada de Santa Marta, al dañar nuestros lugares o sitios sagrados.

El Estado ha fumigado con glifosato y ha afectado la salud de las comunidades indígenas, contaminando el agua, los cultivos de subsistencia e interviniendo abruptamente nuestro ciclo agroecológico.

El transcurrir de nuestros días consiste en ir al mar por conchas y sal, luego desplazarse a clima templado donde se encuentran los cultivos de subsistencia y finalmente subir a las nieves donde están las plantas medicinales y aromáticas como el tucilago, que es bendito para conciliar el sueño, y las hojas secas de frailejón, que sirven para acompañar las limpiezas espirituales; el saumerio de frailejón, por su parte, permite refrescar el espíritu y sanar las emociones. Durante este caminar, pasamos por tres pisos térmicos distintos en donde tenemos diversidad de cultivos: Por ejemplo, en tierra templada sembramos fríjol, maíz y caña de azúcar, y en las nieves, ajo y cebollín.

La violencia es un asunto que llegó con el negocio de nuestra planta sagrada, y esto ha impedido nuestro libre desarrollo y ha ocasionado delitos contra la madre naturaleza.

-Las FARC dijo hace poco en una rueda de prensa, con motivo del punto cuatro de la agenda que se debate en los diálogos de paz de La Habana, que el problema era la cocaína y no la coca. Según lo que me dice, ¿coincide con ellos?

-Claro que el problema es el clorhidrato de cocaína. Sin embargo, quiero aclarar que la paz de Colombia es un asunto de todos y por eso en el marco del pagamento a la no violencia en Seyniribia -lugar sagrado de la Sierra Nevada de Santa Marta para hacer pagamento por el cese de la guerra y la violencia entre los humanos y de los humanos con la naturaleza- los mamos, sagas, gobernadores del pueblo kogui, arhuaco, wiwa, kankuamo y líderes indígenas en general hicimos el saludo del Ayu o la hoja de coca por la paz.

Así mismo, el 12 de octubre con motivo de la conmemoración de las primeras naciones de América, realizamos pagamento en Mamankana, un lugar sagrado donde se reunieron por primera vez los mamos a organizar la visión del mundo, y en donde les fue encomendada SÈ o la ley de origen. Allí tuve la oportunidad de construir con los mamos un círculo de la palabra dedicado a las semillas como mensajeras de la biodiversidad de Colombia, y contó con la presencia de los pueblos indígenas de la Sierra Nevada y la Amazonía, el presidente Juan Manuel Santos y cinco de sus ministros, y las mujeres indígenas que cuidamos la biodiversidad desde el fogón, custodiando la semilla nativa y abogando por la soberanía de nuestro país en el plato. Defender la semilla nativa que lleva más de 10.000 años en nuestra tierra es hacer la paz con la biodiversidad.

El problema del narcotráfico hay que analizarlo desde una perspectiva global y en tres etapas: la producción, la distribución y comercialización, y el consumo de cocaína, ojo, no de coca.

Sobre este fenómeno se han explorado varias políticas públicas en el mundo, porque vale la pena aclarar que la drogadicción es un asunto global y no un asunto exclusivo de nuestro país. No me gusta que estigmaticen a Colombia por esto.

Sin embargo, en China por ejemplo, a quién encuentren comercializando coca se le aplica la pena de muerte, mientras que en Colombia se persigue fuertemente al consumidor cuando todos sabemos que es un tema de salud pública.

Como este fenómeno afecta más que todo a la juventud del país, deberíamos tener una política pública clara para tratar el problema del consumo y resolver así el tema de la comercialización de cocaína. Hay Estados donde se regala la cocaína con el objetivo de que las personas que se lucran con este negocio no encuentren un estímulo para continuar en él

La Sierra Nevada de Santa Marta es una cultura de la no-violencia y alrededor de la industria de la cocaína hay mucha violencia. Por eso hay que insistir en formalizar la política que mencioné previamente.

-¿Cuál es la propuesta de los pueblos indígenas de la Sierra Nevada de Santa Marta al punto cuatro de la agenda que se debate en los diálogos de paz en La Habana?

-Nuestra propuesta a la agenda de paz es SÈ, vivir bien en armonía con los ciclos y procesos vitales de la naturaleza, con el ciclo del agua, el ciclo agroalimentario, el ciclo del aire y el ciclo del sol.

Frente al punto cuatro de la agenda, lo fundamental consiste en devolverle a la hoja de coca el uso medicinal, alimentario y ritual de los pueblos indígenas. Convertir este legado en una fuente de enseñanza para nuestro país y para la humanidad sería un gran avance.

-¿Cómo reinvidicar el papel ancestral de la coca en la sociedad colombiana, teniendo en cuenta lo que esta planta representa para un amplio sector de la población?

-Es importante continuar con campañas como la de ‘Ninguna mata, mata’, donde se reconozca que el problema es el mal uso que se le ha dado a la planta y no a Ayu en sí mismo.

Además, los niños deben conocer los usos medicinales, curativos y alimenticios de la diversidad de nuestro país, para evitar que se estigmaticen los alimentos ancestrales, e incluso, diría que es importante que se patente la hoja de coca como ya ha ocurrido con otras plantas sagradas como el yagé y la chicha, aunque esta última –aduciendo a argumentos de sanidad- haya sido sustituida por la cerveza.

En el fondo, lo que hubo en la campaña de desprestigio contra la chicha es un interés económico que beneficia a unos pocos, el mismo interés que hoy tienen las multinacionales semilleras sobre nuestras semillas nativas con más de 10.000 años de antigüedad. Bajo el argumento de que son mejoradas y restringiendo el acceso a ellas, se están apropiando de una riqueza natural que representa el patrimonio de los colombianos.

-¿Qué les dice a las personas que juzgan la planta y por ende a ustedes como indígenas y habitantes de una zona que siembra coca?

-(Risas) Hay mucho desconocimiento. Colombia está entre los cuatro países más megadiversos del mundo y no conocemos nuestra agrobiodiversidad. El Ayu, la hoja de coca, es alimento de vida.

Si no recuperamos los saberes de los pueblos indígenas que habitan este territorio y las enseñanzas que dejan las plantas sagradas, ¿cómo garantizaremos nuestra supervivencia?, ¿cómo haremos la paz con la tierra?

-La coca, así como el fríjol o el maíz, se considera una semilla originaria. ¿Debe garantizarse entonces su permanencia en el territorio colombiano? ¿Su intercambio?

-Sí; en primer lugar debe garantizarse el respeto. Existió una vez una campaña publicitaria con la voz de una niña que decía ‘No consumas la mata que mata’ y una líder indígena tuteló el respeto a la planta y se ordenó retirar la campaña, por ser una ofensa a la identidad cultural de los pueblos indígenas.

Ahora, el uso medicinal y gastronómico de la coca no es propiedad de uno solo, hace parte de los saberes colectivos de los pueblos y por tanto, es natural que se socialice con la comunidad. Estoy enterada de las dificultades de muchos productos a base de coca que no pueden ser distribuidos porque carecen de certificados, incluso, hay una multinacional que ya tiene patentado el nombre Coca, siento este un término originario.

Por otra parte, el congreso de la república aprobó la ley 1518 de 2011 que ratificó la upov del 91, que fue el convenio de patentes vegetales. Sin embargo, esta ley fue declarada inexequible por no haber sido consultada con los pueblos indigenas, y créame, nuestros derechos colectivos son los derechos de la biodiversidad de Colombia.

El pueblo arhuaco a través del mayor Álvaro Torres, delegado de los pueblos indígenas de Colombia en la Mesa Nacional de Alimentación, propone que es importante que en el comité de bioseguridad del país estén los pueblos indígenas y un representante de la ciudadanía. Necesitamos saber -como guardianes milenarios de la biodiversidad- cuáles son las semillas transgénicas que están ingresando al país, los agro-tóxicos que están contaminando el suelo y el agua, para poder prevenir y anticiparnos al futuro. Todos tenemos derecho a saber que estamos comiendo, ¿no cree?

La coca hace parte de una cosmovisión que respeta la vida por encima de todo. ¿Qué opinión le merece el riesgo al que se ven enfrentados los recursos naturales de Colombia hoy en día?

El problema es de visión. Se le llama desarrollo a la autodestrucción, no hay otra manera de denominar la locomotora minero-energética y a las más de 6.000 licencias ambientales otorgadas para este fin, de los cuales 2.236 están en territorio indígena y van a destruir más de 33 millones de hectáreas de selva, montaña y nacimientos de agua.

La minería ha significado más de 32 pueblos indigenas en extinción, y ha cobrado la vida de más de 2.236 dirigentes. La Sierra Nevada, por ejemplo, perdió a Luis Napoleón Torres, Hugues Chaparro, Ángel María torres, cabezas del pueblo arhuaco. Aún no nos hemos repuesto de este suceso porque los líderes son un parto de la historia, son irremplazables y repito para ellos mi admiración y gratitud por siempre. Ante este escenario desgarrador, proponemos SÈ –que como te dije-es la visión de los mamus de la Sierra Nevada de Santa Marta que reconoce los derechos de la naturaleza.

Sólo cuando las personas que habitamos este territorio tengamos paz en nuestro ser, tendrá paz nuestro país. La paz es un asunto de convivencia entre los seres humanos y la naturaleza, y la decisión de aquellos que se dedican al extractivismo o al tráfico de especies, genera caos y dolor a la madre.

La visión de desarrollo, como autodestrucción de la vida, materializada en el modelo económico extractivista, debe ser reestablecida por la relación fundante de nuestra identidad como es la relación madre-tierra. Esto significa una economía, una sociedad y un Estado al servicio de la vida, y no la vida al servicio del Estado y del mercado.

-Su participación en política se ha caracterizado por la defensa de los recursos naturales, de hecho, se encuentra promoviendo desde hace un tiempo un Referendo por los Derechos de la Naturaleza. ¿Qué tiene para decir al respecto?

Reestablecer la relación fundante madre-tierra es rescatar la ética del cuidado de la vida, por lo tanto la cooperación con los ciclos vitales debe ser una opción de vida personal, familiar, comunitaria y de país.

Los pueblos indígenas del mundo estamos unidos por esta conexión, es la visión que queremos que trascienda sin distinción de ideología, género o estrato a través de un Referendo por los Derechos de la Naturaleza.

Actualmente, el Referendo por los Derechos de la Naturaleza cuenta con procesos organizativos que lo apoyan como la Red de Arte para la Tierra Zeykibia (‘Semilla del pensamiento’ en lengua arhuaca). El resultado más recordado de este apoyo fue el albúm musical ‘Abre Sierra Renace Bakatá’, en el que participaron artistas como Héctor Buitrago, Jorge Celedón, Andrés Cépeda, Fonseca, entre otros.

También se han ido conformando comités promotores del referendo en las 5 cuencas hidrográficas de Colombia. En la región Caribe tenemos a ANEI (Asociación Nacional de Productores Agroecológicos Indígenas y Campesinos); en la región Pacífico, a la ecoaldea Pachamama y al movimiento Artes Vivas por La Tierra que recientemente desarrolló en la ciudad de Armenia (Quindío) una exhibición de arte distribuida en 60 estaciones que orientaban a la población sobre la semilla nativa y los daños medioambientales provocados por los proyectos la mina La Colosa y el Túnel de la Línea en la región; en la orinoquía, a la Red Natural de la Orinoquía, Meta Natural y la Red Hidrográfica del Piedemonte Llanero; en la amazonía, a la Red Natural de la Amazonía y la OPIAC (Organización de los Pueblos Indígenas de la Amazonía); y en el Catatumbo, a las reservas forestales y agroalimentarias, y a los custodios de semillas.

Igualmente, contamos con el apoyo internacional del Pacto Mundial Consciente y amigos de Argentina, Francia y Australia que nos estarán acompañando este solsticio en Nabusimake, capital de los arhuacos, en un pagamento colectivo que hemos denominado ‘Todos somos semilla de nuestra madre tierra’.

El referendo defiende los derechos de las semillas como seres vivos, los derechos de los animales, los derechos del agua y los derechos de la tierra, conquistas legislativas que han sido posibles en Ecuador y Bolivia, y que consideramos fundamentales para la defensa del mayor patrimonio que tienen los colombianos: su biodiversidad.

-¿Cómo asumir la defensa de la vida en Colombia? ¿Ha acumulado enemigos por esto?

En el año 2004, mi familia -como muchas familias colombianas- debió salir del César y el ejercicio político, así como nos permite ganar reconocimientos, también te llena de detractores.

Sentar posición en Colombia es riesgoso. Sin embargo, espero que la violencia política que ha afectado a nuestro país durante todos estos años pueda superarse y tener críticos, opositores, pero no enemigos.

-¿Su condición indígena y de mujer le ha cerrado puertas?

El PNUD en su informe del 2011 evidencia la situación de la mujer rural en Colombia, en el marco del conflicto armado y perteneciente a un grupo étnico. Habla de cuatro exclusiones de las cuales he sido víctima por el hecho de ser mujer, y a esto hay que sumarle el rechazo por intentar superar los entronques patriarcales del mundo indígena y las estructurales patriarcales del mundo no indígena.

Desde el punto de vista laboral, es una realidad que la mujer campesina tiene aún un espacio que ganar. La ruralidad, inmersa en el conflicto armado, representa una carga emocional difícil de sobrellevar, sin embargo tengo que decir que en medio de la difícil situación que viví encontré manos amigas en esta ciudad que me permitieron sacar adelante a mi hija, personas que hacen parte de una generación activa que no ha perdido la esperanza en que somos el cambio que Colombia necesita.

Y como mujer indígena, opino que siendo Colombia un parto de mujeres indígenas, desde que se instauró la república, la mujer indígena no ha recibido el lugar que le corresponde y espero que cuando rescatemos el valor ancestral que tienen todas las mujeres, se respete la vida y se termine la violencia contra las mujeres de este país, que es al mismo tiempo violencia contra la tierra.

Como ve, yo soy mujer, madre cabeza de familia, indígena y además integrante de una familia afectada por el conflicto de este país, y créame, me ha tocado defender cosas como que la edad no es un impedimento para hacer política. Cuando fui electa concejal a la edad de 22 años, en una bancada de 11 concejales hombres, yo era la única mujer y tenía siempre las iniciativas de la defensa de la semilla, el agua, la cultura, el arte, la vida, son la ofrenda de los pueblos indígenas para que renazca Bakatá. No es fácil, la mayoría podían ser mis padres y abuelos, su mirada de Bogotá y de la política, sus acciones y movimientos son muy diferentes; me gustaría ver más jóvenes representando sus iniciativas en estos escenarios políticos.

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